Deja que las Bienaventuranzas sean tu guía

En su exhortación apostólica recientemente publicada “Gaudete et Exsultate” (“Regocíjate y Sé Feliz”), el Papa Francisco nos recuerda que todos están lla mados a la santidad. Todos estamos llamados a ser santos.

Esto puede sonar como un objetivo elevado, algo reservado para personas especiales. Recordemos a aquellos que ya han sido beatificados o canonizados por la iglesia, personas como los mártires que sacrificaron sus vidas por Cristo, o Santa Teresa de Calcuta, que comenzó una orden religiosa y dedicó toda suvida a ayud  ar a los más pobres entrelos pobres.

Obispo Donald Kettler

Algunas veces Dios llama a las personas a ser testigos del Evangelio de estas maneras excepcionales. Con más frecuencia, Dios nos anima a responder al llamado a la santidad de maneras menos dramáticas, pero no menos importantes, en nuestras interacciones cotidianas con los cónyuges, padres, estudiantes, vecinos y compañeros de trabajo, aquí mismo, en la Diócesis de San Cloud.

El Papa Francisco habla de esto en un pasaje sobre los santos “de al lado”:

“Me gusta contemplar el presente de santidad en la paciencia del pueblo de Dios: en aquellos padres que crían a sus hijos con inmenso amor, en aquellos hombres y mujeres que trabajan arduamente para mantener a sus familias, en los enfermos, en religiosos ancianos que nunca pierden su sonreír. En la perseverancia diaria, veo la santidad de la Iglesia
militante. Muy a menudo es una santidad encontrada en nuestros vecinos de al lado, aquellos que, viviendo en medio de nosotros, reflejan la presencia de Dios. Podríamos llamarlos ‘la clase media de santidad’ “

Pasar tiempo a solas con Dios y desarrollar una vida de oración profunda y personal es esencial para crecer en santidad. Pero, como puede ver en el pasaje anterior, crecer en santidad también significa construir el reino de Dios a través del servicio y el sacrificio por los demás.

Para esto, las Bienaventuranzas ofrecen una guía. El Papa los llama “la tarjeta de identidad de un cristiano”. Si quiere saber cómo vivir su vida, puede recurrir a estas enseñanzas que Jesús dio en su Sermón del Monte:

Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de Dios: el camino a la santidad requiere enfocarse menos en la riqueza y las cosas materiales, y dar más tiempo y atención a las cosas más importantes en la vida: Dios, nuestras familias y las necesidades de otros, especialmente los pobres.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra: ¿Somos humildes? ¿Somos pacientes con las fallas y limitaciones de otros?

Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados: ¿mostramos compasión (desde el significado de la palabra latina a “sufrir con”) a las personas con las que nos encontramos que experimentan enfermedad o aflicción? ¿Oramos por ellos y ofrecemos nuestra ayuda?

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque se llenarán: ¿Deseamos y trabajamos por la justicia en nombre de las personas más vulnerables de la sociedad: los no nacidos, los inmigrantes, los olvidados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos recibirán misericordia: ¿realmente le hacemos a los demás lo que quisiéramos que ellos nos hagan, perdonándolos por los errores que han cometido contra nosotros y buscando el perdón de los que hemos herido?

Bienaventurados los de corazón puro, porque ellos verán a Dios: la santidad requiere cultivar un corazón en amor con Dios y con nuestro prójimo. ¿Rechazamos el cinismo y permitimos que la verdad y la caridad guíen nuestros pensamientos y acciones?

Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios: ¿sembramos la paz en nuestras relaciones, nos alejamos de los chismes y tratamos a todos con respeto?

Bienaventurados los que son perseguidos por buscar la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos: a veces ser cristianos requiere que seamos contraculturales, para tomar la decisión correcta, no necesariamente la elección popular. ¿Estamos dispuestos a soportar la oposición e incluso el ridículo debido a nuestra fe?

Vivir de acuerdo con las Bienaventuranzas nos ayuda a convertirnos en los santos que Dios quiere que seamos. Pero eso no significa que el viaje será fácil. Habrá desafíos, a veces muy difíciles, en el camino. Necesitaremos la gracia de Dios y una buena dosis de autodisciplina para hacerlo. Pero, afortunadamente, contamos con el apoyo de los santos que ya están en el cielo, esa “gran nube de testigos”, que están orando e intercediendo por nuestro beneficio a medida que avanzamos en el camino de la santidad.

Que Dios los bendiga a ustedes y a sus seres queridos.

Atentamente en Cristo,

+ Donald J. Kettler

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