Las tres tentaciones

Por Padre Oswaldo Ramón Roche Gerdel
El Visitante

En el principio de la creación se presentó lucifer tentando a Adán y a Eva. Engañándolos con la idea de que serían como Dios y obtendrían el poder sobre el conocimiento. En esa primera tentación, hemos colocado el pecado original, como el principio de la separación del hombre como ser creado de Dios como su creador. Debemos comprender, que el pecado, es la desobediencia al mandato de Dios, de no comer del árbol que estaba en el centro del paraíso. En toda la historia de la salvación podemos encontrar que las tentaciones tienen como principio el desobedecer alguna regla, pero no se concreta el pecado, hasta que no se comete la trasgresión. Es decir; la tentación no es el pecado, todos algún día tendremos alguna tentación y después del pecado original, todos tendemos al pecado lo que la teología llama concupiscencia.

(CNS photo/Crosiers)

El pecado, no depende de la interpretación de cada persona, porque tentación es tentación y pecado es pecado en todas las definiciones. Muchos tratamos de suavizar y hacemos como Adán, le echamos la culpa a los demás de nuestras acciones. O decimos que sólo fue un poquito o por un ratico nada más. ¿Cómo descubro que fue pecado lo que hice?, lo primero que hay que entender, es que nuestra consciencia nos manda una alarma de la cercanía de la tentación. Luego si lo que hice hizo algún daño en contra de Dios, las personas o la naturaleza sea en mayor o menor grado, siempre será un pecado.

Pero los que somos cristianos, debemos revisar nuestra consciencia con el espejo de las tres tentaciones de Jesús. Mateo 4:3-4 En ese tiempo, el diablo se le acercó y le dijo: —Si eres el Hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en pan. Jesús le dijo: — ¡No! Las Escrituras dicen: “La gente no vive solo de pan, sino de cada palabra que sale de la boca de Dios”. Esto significa que debemos confiar en Dios, más que en nuestras propias fuerzas, además de tener cuidado con el uso del cuerpo para fines egoístas.

Mateo 4:5-7 Después el diablo lo llevó a la santa ciudad, Jerusalén, al punto más alto del templo, y dijo: —Si eres el Hijo de Dios, ¡tírate! Pues las Escrituras dicen: “Él ordenará a sus ángeles que te protejan. Y te sostendrán con sus manos para que ni siquiera te lastimes el pie con una piedra”. Jesús le respondió: —Las Escrituras también dicen: “No tentarás al Señor tu Dios”.

Mateo 4:8-10: Luego el diablo lo llevó a la cima de una montaña muy alta y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria que hay en ellos. —Te daré todo esto —dijo— si te arrodillas y me adoras. —Vete de aquí, Satanás —le dijo Jesús—, porque las Escrituras dicen: “Adora al Señor tu Dios y sírvele únicamente a él”.

Las tres tentaciones están presentes siempre en nuestras vidas, porque siempre estaremos frente al uso del cuerpo no como templo del Espíritu Santo, sino como centro del placer. El tener cosas y posesiones, como el dinero o los tesoros materiales serán la segunda y la tercera tentación está referida al poder, creemos que tenemos más poder que Dios, que tenemos el dominio de la vida y de la muerte, o que somos todopoderosos, es una gran tentación sobre todo para los que tiene el poder de mandar sobre los demás. Las tentaciones se vencen, con la castidad, la pobreza y la obediencia. Pidámosle a Dios que no nos deje caer en la tentación.

Por Padre Oswaldo Ramon Roche Gerdel, Presbítero misionero en la Diócesis de San Cloud.

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